Sociedad, Movimientos Sociales y Democracia

No sé cuántos años me quedan por vivir, espero que sean suficientes y productivos, es decir que sirvan para mi desarrollo personal, para aprender cosas, para disfrutar de lo mucho bueno que tiene este mundo.

Pero no se si me gusta la dirección hacia la que caminan las sociedades modernas, donde las viejas y por supuesto inaceptables discriminaciones son combatidas con nuevas formas de discriminación igualmente inaceptables, en vez de hacerlo con educación.

Sociedades donde se imponen normas que nada tienen que ver con la igualdad, por ejemplo, de género, y sí con la supremacía (de momento judicial) del género otrora discriminado sobre el género considerado opresor hasta la fecha, sin tener en cuenta que no todos los que hemos nacido con atributos masculinos andamos discriminando o maltratando a las mujeres por el hecho de serlo.

De hecho, esos barbaros machistas, afortunadamente a día de hoy son una minoría.

Las personas normales, ya sean hombres o mujeres, discriminan o muestran animadversión contra algunos individuos, sean del genero que sean, por razones que nada tienen que ver con sus características corporales.

El activismo y los movimientos sociales tienen su lugar y su razón de ser, eso no lo pongo en duda. Pero la existencia de grupos radicales dentro de estos movimientos sociales, puede ser un hándicap para la consecución de sus fines ya que pueden acabar siendo rechazados incluso por aquellos colectivos a los que dicen defender.

Sin embargo, en ocasiones, las tesis de estos grupos radicales son las que acaban imponiéndose en ciertos estamentos y las que provocan, por ejemplo, el que una universidad (centros del saber por excelencia) norteamericana decida actuar contra uno de sus más brillantes investigadores, llegando incluso a realizar presiones contra las personas que defienden al mismo, según ellas mismas han denunciado públicamente. Por cierto, personas que en su mayoría son mujeres, mujeres eminentes y de prestigio internacional en sus campos de investigación.

Cuatro mujeres eminentes defienden al científico Francisco Ayala: “Es una caza de brujas”

Pero si mal está el que en una universidad norteamericana unas denuncias, aparentemente absurdas, estén sirviendo para acabar con la carrera magnifica de un referente de la biología internacional, peor lo es que en una universidad española se haga eco de los americanos y tiren piedras contra la misma persona, sin darle la más mínima oportunidad para defenderse.

En ese sentido España ha entrado en una dinámica donde algunos de los principios básicos de las sociedades democráticas están siendo dinamitadas, más concretamente la presunción de inocencia y la independencia del poder judicial.

Y están siendo dinamitadas desde estamentos que, si algo, deberian de ser los garantes de esos mismos principios. Hablo de los partidos políticos y sus dirigentes ávidos por conseguir arramplar con algunos votos, y del llamado cuarto poder, es decir los medios de comunicación, ávidos por ver sus audiencias crecer.

Consecuencia de esa manipulación mediática y política, la ciudadanía alza su voz en un intento inaceptable de manipular a jueces y fiscales, reclamando con vehemencia, o peor aún, a grito pealado por las calles y en los platós de televisión, condenas ejemplares antes incluso de que el presunto malhechor haya comparecido frente al juez de turno.

Y cuando llega la condena, si ésta no es del agrado del respetable, vuelta a la protesta, a los gritos, a la presión sobre los jueces, exigiendo de su órgano rector sanciones, suspensiones, etc.

Con este clima social no es de extrañar que un número elevado de profesionales de la judicatura española pidan auxilio a sus colegas europeos, y esto, que no el asunto de los políticos presos, sí que pone en entredicho la calidad de la democracia española ante los ojos de nuestros socios comunitarios.

750 jueces protestan ante la “presión social” con “aliento político” contra el tribunal de La Manada

Esto, si que abre muchos interrogantes acerca de la educación democrática de los españoles, especialmente de la educación democrática de aquellos que debieran de ser los garantes de los principios básicos de cualquier democracia moderna, capaces de manipular a la ciudadanía en busca de votos o audiencias.

No se cuantos años me quedan por vivir y como he dicho antes, espero que sean los suficientes y productivos para acabar de conseguir mi pleno desarrollo personal y para disfrutar lo mucho bueno que tiene este mundo.

Pero no creo que haya mucho de bueno en un mundo, o mejor dicho en una sociedad donde la ley de Lynch, la misma ley que hizo la existencia de cadáveres colgados de los arboles en el sur profundo durante la época de la segregación, as abrazada con entusiasmo por una ciudadanía envenenada por quienes deberían cuidar de su salud, de su salud democrática.

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El esperpento nacional y otras tonterias

Este país se ha transformado en un gran centro dramático, o teatro, especializado en esperpentos.

Y no lo digo yo, que soy un ser con pocas luces, lo dice la realidad que nos rodea.

Es un topicazo como una casa que se empeñan en repetir como un mantra los profesionales de la información. Eso de que el verano es una época de sequía informativa. Este, seguro que no, y si me pongo a pensar, hace mucho que no tenemos un verano tranquilo. Pero el topicazo sigue ahí y los plumillas lo repiten una y otra vez.

Este verano, ha estado cargado de hechos que bien hubieran podido salir de la pluma de Valle Inclán. Lo trágico es que son hechos reales aunque no lo parezcan.

Por una parte la Juana de España, la Rivas que sin pensárselo dos veces decidió ponerse el mundo por montera y tomar la justicia por su mano ignorando reiteradamente las sentencias que le quitaban la razón, cuyo último episodio es eso del ultimátum. Me temo que no va a acabar ahí la historia y que a partir del lunes tendremos un “remake” de “La madre perdida” con los mismos protagonistas de la primera parte, la que supuestamente acabo con su entrega al juez, y similar argumento, es decir, que tomara las de Villadiego y se transformara en una especie Guadiana mediático apareciendo y desapareciendo cuando el guion de sus “asesores legales” de imagen y las televisiones de turno así lo requieran.

¡Ojala me equivoque!

Porque yo, al contrario que muchos otros, no la quiero mal. Se por lo que está pasando, pero también se, que está equivocada, que las cosas no se hacen así, y que se está cavando su propia fosa judicial.

De cualquier modo, lo que otrora fuera culebrón u obra dramática ahora se ha transformado en un esperpento donde el ultimo personaje, el juez de guardia ante el que ¡Por fin! Se persono, la dejo marcharse de rositas sin preguntarle siquiera donde están los niños, que son lo más importante en esta historia.

Después están los coletazos del atentado de la semana pasada.

A estas alturas no sé qué es más preocupante; El hecho de que haya descerebrados capaces de cometer una matanza en nombre de un dios que ni dios sabe si existe, o el hecho de que cada día conocemos más y más el carácter chapucero, al menos en apariencia, de quienes tienen a su cargo la seguridad del país.

Y conste que no lo digo por los agentes de a pie, sino por sus mandos y, por supuesto, los comisarios políticos.

También preocupa que haya jueces que, como en el caso anterior, son capaces de negarse a cumplir una orden emitida por otro juez porque… bueno, yo creía que no era peligros.

¡Pues menos mal que no lo era!..

Inhabilitación?

Creo que en mis sueños

Y todo ello adornado de un batiburrillo de acusaciones, contra acusaciones, los de la CUP dando por saco y un terrorista, que al contrario del imán suicida nos ha salido cagón, que tienen miedo a ir a la cárcel porque si alguien le hace alguna barrabasada.

¿Se puede pedir más? ¡Me quito el cráneo! Que diría D. Latino de Hispalis a Max Estrella.

Hoy es un día bonito en la isla del mar del norte, al menos en su capital, Londres. Un dia soleado, con una temperatura agradable que invita a pasear en manga corta, como de hecho lo están haciendo miles de personas de uno u otro sexo. Algunos están tumbados dándose un baño de sol en la yerba que bordea la entrada de de mi oficina.

He salido a comprar un bocadillo, que no solo de aire vive el hombre, y me he cruzado con una mujer hermosa, vestida de forma muy actual y que llevaba una Shayla.

Caminaba con la gracia de su juventud y se le veía sonriente. No sé si la procesión iba por dentro y la decisión de llevar la cabeza con ese tocado era propia o impuesta, pero bueno, como complemento estaba bien, si es que ella ha decidido llevarlo.

He seguido mi camino hacia el supermercado y al torcer la esquina me he encontrado con un grupo de siete u ocho portadoras de Niqab entrando en un hotel. Mi primer pensamiento ha sido… “debe de haber un congreso de verdugos. Quizás les están enseñando el uso de la última versión del garrote vil, de la horca, o de la guillotina”

Iban todas de negro riguroso y a todas menos a una solo se les podía ver los ojos. La excepción no es que fuera a cara descubierta, sino que al llevar gafas, ni eso.

Oiga, ¡que asustaban al mismísimo miedo!

Por supuesto, no iban solas. Con ellas andaba un grupo de maromos vestidos a la última moda occidental, dejando que el sol acariciara sus brazos desnudos, y caminando en cuadrilla, quiero decir en comandita masculina sin, al menos en apariencia, dirigir la palabra a sus compañeras.

Casi estaba deseando que llegara el nublo y una ráfaga de aire frio para que los elementos aliviaran a las interfectas de su más que probable calentura, aunque eso significara tener que renunciar a un día bonito en la isla del mar del norte.

De vuelta con mi bocadillo me he cruzado con otra vestida de la misma guisa y me ha vuelto a asaltar la idea del congreso de ejecutores de la ley, y con esa misma duda sigo.

Feliz fin de semana… si al final nos dejan