Veinte años atras

20 años atrás estaba de mañana en la empresa.

Había acudido al tajo con las luces del alba, poco antes de que pusieran las calles, montado en mi “banana amarilla”, un Renault 4L que a la larga resulto ser el coche más rentable de todos los que ha tenido… y ya de regreso estaba en estado cuasi catatónico intentando recuperarme del madrugón matinal.

Los niños y mi esposa disfrutando del fin de semana con sus abuelos, y yo entregado al arte de zanganear unos minutos disfrutando del placer de escuchar lo que, con todas sus imperfecciones y problemas técnicos, era el único cordón umbilical entre servidor y las noticias de España, es decir, escuchando Radio Exterior a través de la Onda Corta.

Cierto que ya tenía ordenador en casa, pero el internet era por aquellos entonces algo prehistórico; velocidad de conexión mínima y falta de streaming que permitiera disfrutar de otros canales de comunicación con mi tierra.

Tampoco tenía TV por cable ni satélite. Eso Llegaría años más tarde. Lo segundo, concretamente,  lo haría de la mano disco de satélite de segunda mano acoplado a una bicicleta estática situada estratégicamente en el salón de mi casa de Bristol, con el LNB pegando al vidrio de la ventana orientada hacia el sur.

Pero como ya he dicho, contaba con la radio, esa radio exterior que de cuando en cuando había que volver a re sintonizar en una banda distinta por aquello de la propagación, y eso me permitía seguir la actualidad de España, y alguna otra cosa más. Hasta gane un libro firmado por varios de los locutores de la misma, un libro de Francisco Pérez Abellán que aún conservo en casa; “ellas matan mejor”. Lástima que no estuviera firmado también por el maestro, aunque entonces aun no me había planteado estudiar criminología. Eso, como la televisión por satélite, vendría después.

Fue entonces cuando escuche la noticia, no por esperada menos impactante; la noticia del asesinato del concejal Miguel Ángel Blanco y recuerdo nítidamente mi primera reacción; “PERO QUE HIJOS DE LA GRAN PUTA” grite en la soledad de mi cuarto de estar. Después, se me escapo alguna lágrima de impotencia y permanecí en silencio, un silencio espeso, impotente, un silencio solo roto por las voces de los locutores de la radio y los ruidos de estática que hacían difícil la escucha.

A día de hoy recordando ese instante sigo pensando lo mismo, gritándolo en silencio dentro de mi cabeza, extendiendolo a quienes desde la llamada “nueva política” (de argumentos arcaicos y pasados de moda) intentan justificar los hechos o quitarle hierro al asunto etarra. ¡Mezquinos hijos de puta!

Hacia dos décadas que España había dejado de ser Una grande y libre, si es que alguna vez lo fue.

De hecho eran 17, del montón tirando a mala y esclava de su retraso ancestral, un retraso que la Celtiberia ha venido arrastrando (y en algunos sentidos sigue haciéndolo) por siglos, mezclado con la arrogancia (muy nuestra) de creernos los reyes del mambo.

Si yo les contara… y en esto también he de cantar el mea culpa, en lo de la arrogancia hispana, pero esa es otra historia.

Era la España que tras la “libertad sin ira”, el “habla pueblo habla”, el puedo “prometer y prometo”, el “se sienten coño”, el “Por el cambio” de los del capullo con su reconversión industrial y sus miserias personales consecuentes, había llegado a las manos de un tío con bigote que afirmaba “España va bien”.

“España va bien” decía el bigotón de la Moncloa a quien meses atrás los mismos hijos de puta habían intentado dar matarile, a lo que La Sra. María, Burgalesa, madre del que suscribe y savia en cosas de la vida en cuya universidad ya había obtenido varias doctorados contestaba “España ira bien el día que puedan regresar mis hijos del extranjero”

Otros con menos tacto decíamos… “si, de cojones”

Visto desde la perspectiva actual, quizás el “monclovita” de turno tenía razón. España iba bien si lo comparamos con los momentos previos de destrucción de empleo por la mencionada reconversión, y España iba mejor entonces, a pesar de mi exilio económico, que durante los últimos años del “zapaterismo” cuando su estrella, la de la economía española, comenzaba a declinar como consecuencia de una crisis económica internacional sin precedentes en cuanto a su magnitud, y de la negación de la misma por parte del pucelano-leones, crisis cuyas consecuencias aún siguen golpeando a miles de ciudadanos.

Pero España no iba bien. En España había problemas y sobre todo había un problema, el que más preocupaba a la gente entonces; el terrorismo de ETA, es decir los actos de unos indeseables malparidos que no merecen el calificativo de seres humanos, ni siquiera de animales ya que estos últimos jamás matan por matar.

Y llego el espíritu de Ermua, los millones de gente manifestándose en las calles, un espíritu que a los que estábamos por esta tierra, más concretamente en mi caso, llego de la mano de Radio Exterior de España ya que la BBC, fiel a su ambigüedad en cuanto a ETA y su política informativa resumida en “Britain Britain and… Britain” no se hizo eco del clamor popular en España. Otros medios británicos le dedicaron algunas líneas pero, como en el caso de la BBC estaban más interesados en mirarse a su ombligo amen de la ambivalencia antes mencionada, que no es exclusiva de la BBC.

Podría seguir escribiendo y escribiendo porque el asesinato de Miguel Angel Blanco, como la Muerte de Lady Diana (Ocurrida semanas después) o el “Tejerazo” son retales de mi vida que puedo evocar con tan solo cerrar los ojos hasta el punto de ser capaz de revivirlos como si estuvieran ocurriendo de nuevo, pero lo dejo ahí, creo que ya he evocado bastante aquel trágico suceso

20 años atrás, un 12 de Julio de 2017, estaba de mañana en la empresa…

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