Sociedad, Movimientos Sociales y Democracia

No sé cuántos años me quedan por vivir, espero que sean suficientes y productivos, es decir que sirvan para mi desarrollo personal, para aprender cosas, para disfrutar de lo mucho bueno que tiene este mundo.

Pero no se si me gusta la dirección hacia la que caminan las sociedades modernas, donde las viejas y por supuesto inaceptables discriminaciones son combatidas con nuevas formas de discriminación igualmente inaceptables, en vez de hacerlo con educación.

Sociedades donde se imponen normas que nada tienen que ver con la igualdad, por ejemplo, de género, y sí con la supremacía (de momento judicial) del género otrora discriminado sobre el género considerado opresor hasta la fecha, sin tener en cuenta que no todos los que hemos nacido con atributos masculinos andamos discriminando o maltratando a las mujeres por el hecho de serlo.

De hecho, esos barbaros machistas, afortunadamente a día de hoy son una minoría.

Las personas normales, ya sean hombres o mujeres, discriminan o muestran animadversión contra algunos individuos, sean del genero que sean, por razones que nada tienen que ver con sus características corporales.

El activismo y los movimientos sociales tienen su lugar y su razón de ser, eso no lo pongo en duda. Pero la existencia de grupos radicales dentro de estos movimientos sociales, puede ser un hándicap para la consecución de sus fines ya que pueden acabar siendo rechazados incluso por aquellos colectivos a los que dicen defender.

Sin embargo, en ocasiones, las tesis de estos grupos radicales son las que acaban imponiéndose en ciertos estamentos y las que provocan, por ejemplo, el que una universidad (centros del saber por excelencia) norteamericana decida actuar contra uno de sus más brillantes investigadores, llegando incluso a realizar presiones contra las personas que defienden al mismo, según ellas mismas han denunciado públicamente. Por cierto, personas que en su mayoría son mujeres, mujeres eminentes y de prestigio internacional en sus campos de investigación.

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Pero si mal está el que en una universidad norteamericana unas denuncias, aparentemente absurdas, estén sirviendo para acabar con la carrera magnifica de un referente de la biología internacional, peor lo es que en una universidad española se haga eco de los americanos y tiren piedras contra la misma persona, sin darle la más mínima oportunidad para defenderse.

En ese sentido España ha entrado en una dinámica donde algunos de los principios básicos de las sociedades democráticas están siendo dinamitadas, más concretamente la presunción de inocencia y la independencia del poder judicial.

Y están siendo dinamitadas desde estamentos que, si algo, deberian de ser los garantes de esos mismos principios. Hablo de los partidos políticos y sus dirigentes ávidos por conseguir arramplar con algunos votos, y del llamado cuarto poder, es decir los medios de comunicación, ávidos por ver sus audiencias crecer.

Consecuencia de esa manipulación mediática y política, la ciudadanía alza su voz en un intento inaceptable de manipular a jueces y fiscales, reclamando con vehemencia, o peor aún, a grito pealado por las calles y en los platós de televisión, condenas ejemplares antes incluso de que el presunto malhechor haya comparecido frente al juez de turno.

Y cuando llega la condena, si ésta no es del agrado del respetable, vuelta a la protesta, a los gritos, a la presión sobre los jueces, exigiendo de su órgano rector sanciones, suspensiones, etc.

Con este clima social no es de extrañar que un número elevado de profesionales de la judicatura española pidan auxilio a sus colegas europeos, y esto, que no el asunto de los políticos presos, sí que pone en entredicho la calidad de la democracia española ante los ojos de nuestros socios comunitarios.

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Esto, si que abre muchos interrogantes acerca de la educación democrática de los españoles, especialmente de la educación democrática de aquellos que debieran de ser los garantes de los principios básicos de cualquier democracia moderna, capaces de manipular a la ciudadanía en busca de votos o audiencias.

No se cuantos años me quedan por vivir y como he dicho antes, espero que sean los suficientes y productivos para acabar de conseguir mi pleno desarrollo personal y para disfrutar lo mucho bueno que tiene este mundo.

Pero no creo que haya mucho de bueno en un mundo, o mejor dicho en una sociedad donde la ley de Lynch, la misma ley que hizo la existencia de cadáveres colgados de los arboles en el sur profundo durante la época de la segregación, as abrazada con entusiasmo por una ciudadanía envenenada por quienes deberían cuidar de su salud, de su salud democrática.

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